Asunción.— El panorama político e institucional de Paraguay sufrió un sacudida histórica este jueves con la renuncia formal del presidente Santiago Peña a la jefatura del Estado. La dimisión del mandatario se produjo en medio de una profunda conmoción social provocada por la intervención y cierre nocturno de Ueno Bank debido a una severa crisis de liquidez y solvencia, evento que bloqueó el acceso a los fondos de cientos de miles de ahorrantes y desencadenó una ola de indignación a nivel nacional.
A través de un mensaje institucional difundido en sus canales oficiales, el ahora expresidente confirmó su salida del Poder Ejecutivo argumentando que su retiro busca evitar una escalada de agitación social y proteger la institucionalidad democrática. Peña manifestó que dimitía pensando en el bienestar colectivo, la paz pública y la necesidad de dar paso a un proceso de transición institucional que devuelva la certidumbre económica al país caribeño.
El colapso de la entidad bancaria representa el detonante central de esta crisis, dado el estrecho vínculo que mantenía la institución con diversos sectores del aparato productivo y programas financieros del Estado. En los últimos años, Ueno Bank experimentó un vertiginoso crecimiento en el mercado financiero local, logrando una masiva penetración mediante plataformas digitales y adjudicaciones estratégicas que hoy quedan bajo el escrutinio de los organismos reguladores y la opinión pública.
Tras la renuncia del gobernante, las autoridades del Banco Central de Paraguay y el Congreso Nacional han convocado a sesiones de emergencia para coordinar la sucesión presidencial conforme al orden constitucional, mientras se establecen mecanismos de contingencia para mitigar el impacto del shock financiero y evaluar el rescate de los depósitos de los clientes afectados.

