Opiniones

Dignificar al policía para que dignifique al ciudadano

Ing. Roberto Hernández Basilio

El informe presentado por el Comisionado Ejecutivo para la Reforma, Modernización y Transformación Policial, en el conversatorio organizado por la PUCMM, ofrece cifras que merecen reconocimiento: 11,001 jóvenes incorporados a la Policía Nacional, de ellos 2,734 mujeres; 8,573 agentes graduados; 100 nuevos destacamentos; un 31 % más de agentes en las calles y más de 8,000 cámaras corporales. A ello se suma una decisión de fondo: la formación del nuevo agente pasó de tres meses a un año.

Son avances reales. Pero una reforma policial no se mide solo por cuántos agentes salen a patrullar, sino por las condiciones en que regresan al cuartel y por la calidad humana con que ejercen la autoridad. Ahí está la próxima frontera.

El cuartel también es casa

Un policía que cumple turnos prolongados necesita descansar con dignidad. Los destacamentos del nuevo modelo ya incluyen dormitorios, baños y cocina-comedor, y eso es un paso importante. Sin embargo, muchas dotaciones antiguas siguen operando con camas insuficientes, ventilación precaria y servicios sanitarios deteriorados. La dignificación no puede quedarse en la cinta inaugural; debe llegar a cada destacamento del país mediante un plan de remozamiento y un estándar mínimo verificable de habitabilidad.

Lo mismo ocurre con la alimentación. Garantizar el almuerzo fue un avance, pero el agente que trabaja de noche o en jornadas de 24 horas también necesita desayuno y cena balanceados. Nadie actúa con serenidad con el estómago vacío. Una política alimentaria policial con criterios nutricionales, supervisión de calidad y cobertura en todos los turnos es inversión en seguridad ciudadana, no un gasto accesorio.

Espacios propios para la mujer policía

Si una de cada cuatro nuevas incorporaciones es mujer, la infraestructura debe estar a la altura de esa inclusión. Cada destacamento, nuevo o viejo, debe contar con dormitorios, baños y vestidores exclusivos para las agentes, separados de los de sus compañeros. No es un privilegio: es privacidad, seguridad y prevención del acoso.

Hay, además, una deuda pendiente: las salas de lactancia. La Ley 8-95 declara la lactancia materna prioridad nacional y el Código de Trabajo reconoce a la madre trabajadora tres descansos remunerados diarios para amamantar. Salud Pública ya certifica Salas Amigas de las Familias Lactantes en instituciones públicas. La Policía Nacional debe sumarse, comenzando por cada cabecera provincial y sede regional. Una madre policía no debería tener que elegir entre su uniforme y su bebé.

Formación continua, no ocasional

El año de formación inicial es valioso, pero el aprendizaje no puede terminar en la graduación. Derechos humanos, uso proporcional y diferenciado de la fuerza, trato a personas detenidas y manejo de emociones deben ser materias de actualización obligatoria y periódica, evaluadas y vinculadas a los ascensos. Los Principios Básicos de Naciones Unidas sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego deben dominarse tanto como el manejo del arma misma. Las cámaras corporales documentan la conducta; la formación la transforma.

Un Instituto Superior de Derechos Humanos

Propongo crear, en el marco de la Ley Orgánica 590-16 y del proyecto de reforma depositado en el Senado, el Instituto Superior de Derechos Humanos de la Policía Nacional. Su diseño debe romper el aislamiento institucional: que en sus aulas estudien juntos policías y civiles —abogados, periodistas, líderes comunitarios, estudiantes universitarios— y que la sociedad civil tenga asiento en un consejo de veeduría con acceso a programas, resultados y denuncias. Articulado con el IPES y con universidades como la PUCMM, que ya ha acompañado la formación complementaria de agentes, este instituto convertiría el respeto a los derechos humanos en cultura institucional y no en asignatura de trámite.

La reforma ha demostrado que puede producir cifras. Ahora debe demostrar que puede producir dignidad: la del agente que descansa, se alimenta y se forma bien, y la del ciudadano que recibe, a cambio, un servicio policial profesional y humano.

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