Donald Trump ascendió al poder por primera vez en el 2017, y la segunda en el 2025, en ambos casos montado sobre una plataforma de promesas, que luego se convirtieron en incumplidas; y bajo un esquema de megalomanía, que subordinó todas las estrategias de estado que pudo haber implementado para alcanzar los éxitos deseados.
En el caso de la guerra con Irán, la narrativa de Trump ha resultado un completo fracaso, unido a las constantes amenazas, que han resultado ineficaces para conducir a Estados Unidos por un sendero de éxitos en la guerra.
Los misiles USA han devastado al país persa, incluyendo la isla de Kharg, también conocida como Jark, que concentra entre el 80% y el 90% del procesamiento y exportaciones de crudo desde esa nación.
La Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, -IRGC- la columna vertebral del poder militar, ideológico y estratégico en Irán. A diferencia de un ejército regular, no está diseñado únicamente para defender las fronteras, sino para proteger al régimen teocrático y proyectar la influencia iraní en el Oriente Medio, por lo tanto, responde directamente al Líder Supremo y ostenta la prioridad en equipamiento, presupuesto y misiones estratégicas, en consecuencia se ha convertido en el primer objetivo militar de los bombardeos trumpianos.
Los ataques militares de EE.UU. contra IRGC se han concentrados tanto en la infraestructura estratégica, como en los centros regionales de operaciones, dirigidos a cuatro áreas operativas centrales: la decapitación del mando estratégico y liderazgo militar; destrozar la infraestructura logística y depósitos de armas; cercenar las capacidades navales y costeras en el Golfo Pérsico y eliminar los radares y defensa aérea. Sin embargo, los ataques contra los aliados de Occidente en el Medio Oriente no cesan, de lo que se puede inferir que los iraníes estaban preparados para este conflicto.
Por su lado, EE.UU. junto a Israel se han trazado como meta iniciar la decapitación del régimen, lo que determinó la muerte del ayatollah Ali Hosseini Khamenei y los restantes 40 altos líderes teocráticos, para neutralizar la cadena de mando y dificultar la capacidad de respuesta coordinada con sus aliados regionales en el Líbano, Irak y Yemen.
Las hostilidades, que se habían concentrado en el estrecho de Ormuz, y que fortaleció la posición de Irán en el conflicto, hoy no representa un gran obstáculo para las tropas de Norteamérica, porque han ocupado los puertos de exportación e importación iraníes y están como forma de provocar el colapso de la economía de esa nación.
Por su lado, el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, quien ha sido despojado de la autoridad de estado por parte de la IRGC ha admitido frente a la televisión iraní los graves problemas económicos de la nación.
“Tenemos una escasez de divisas. El tipo de cambio del dólar podría subir mucho más (hoy se sitúa en más de dos millones de riales por dólar estadounidense). 2. Hay una fuerte caída en las importaciones y exportaciones: que han caído entre un 25% y un 35%”, el líder político iraní.
Mientras, los analistas políticos estadounidenses e israelíes están advirtiendo que la aguda crisis económica provocará en forma inevitable la caída del régimen islámico. Empero cabe recordar, que el presidente Trump tiene por delante las elecciones de medio término en noviembre próximo, y que un agravamiento en los precios del petróleo a escala mundial, y un incremento de la inflación para su pueblo, le puede asestar un duro revés en los sufragios.

