WASHINGTON — El secretario del Tesoro de Estados Unidos ofreció un severo diagnóstico sobre la situación interna de Irán, durante una entrevista concedida a la cadena Fox News.
Scott Bessent explicó que el régimen iraní se encuentra sumido en el caos y al borde del colapso económico total, como consecuencia directa de la política de asfixia financiera y aislamiento internacional impulsada por Washington.
“Los trabajadores en Irán no están acudiendo a sus puestos. Los iraníes están imprimiendo dinero [sin respaldo]”, advirtió Bessent al describir el deterioro de la actividad productiva y la descontrolada inflación que atraviesa la nación persa.
Consultado sobre el desenlace que anticipa la Casa Blanca por la crisis en Teherán, el titular del Tesoro reconoció la impredecibilidad de los procesos de cambio político acelerado.
“No sé cómo terminará esto. Nunca se sabe cómo acaban estas cosas. El Muro de Berlín simplemente cayó un día”, señaló, sugiriendo que un quiebre del sistema gubernamental iraní podría desencadenarse de manera repentina.
A pesar de la retórica firme, Bessent aclaró la postura estratégica de la administración estadounidense respecto al uso de la fuerza. De acuerdo con el secretario, el presidente Donald Trump no prevé una confrontación militar directa con Irán, al menos en el corto plazo y previo a los próximos comicios de mitad de mandato.
La apuesta de Washington se centra en un cambio, en una estrategia de desgaste económico de largo plazo destinada a forzar la capitulación del régimen.
“Aún así suplicarán rendirse. Se están desmoronando”, sentenció Bessent.
Asimismo, el funcionario enfatizó el impacto del cerco diplomático y las restricciones de viaje impuestas a la cúpula y sectores vinculados al poder iraquí e iraní:
“Si estos iraníes aman a su país, pues felicidades: pueden quedarse en él. No pueden viajar para visitar a sus familiares en Londres; o a sus novias en París, están aislados del mundo”, sostuvo.
Bessent ratificó el enfoque de la diplomacia estadounidense basado en la contención económica y la paciencia estratégica: ahogar los flujos financieros del régimen y restringir la movilidad de sus élites hasta precipitar una implosión interna sin la necesidad de un conflicto armado a gran escala.

