KIEV / WASHINGTON.— El Gobierno de Ucrania dejó abierta la posibilidad de suspender sus ataques con drones contra las refinerías e infraestructura petrolera en territorio ruso, aunque advirtió que cualquier medida de desescalada debe ser estrictamente recíproca y contar con garantías concretas de que Moscú detendrá de forma simultánea las ofensivas contra la red energética ucraniana.
La posición de Kiev responde de manera indirecta a las recientes críticas del presidente estadounidense Donald Trump, quien cuestionó los ataques ucranianos contra instalaciones petroleras rusas por su impacto en los mercados globales, incluso llegó a insinuar la necesidad de un liderazgo en Ucrania dispuesto a negociar un acuerdo de paz.
El intercambio pone de relieve las crecientes fricciones diplomáticas entre Kiev y la administración estadounidense sobre la conducción de la guerra, en un momento en que la seguridad energética de ambos contendientes se encuentra en un punto crítico tras meses de ataques cruzados contra infraestructuras clave.
Expertos y analistas en política internacional debaten si un acuerdo limitado para frenar la guerra contra la infraestructura energética podría funcionar como un primer test de confianza entre las partes:
Tanto Ucrania como Rusia sufren graves costes económicos y operativos por la destrucción de sus redes de generación, refinado y distribución, lo que crea un margen de interés mutuo para frenar la escalada en este frente.
Para que una tregua parcial sea viable, Kiev exige garantías de cumplimiento respaldadas por la comunidad internacional, ante el temor de que Moscú aproveche una pausa para rearmarse.
Mientras, que el viraje en la postura de Washington añade una variable determinante. Un eventual cese de hostilidades en el sector energético respondería en parte a la exigencia de la Casa Blanca de buscar vías diplomáticas, aunque el alcance real hacia un acuerdo de paz duradero sigue condicionado al resto de las demandas territoriales y políticas de ambos bandos.

