El tejido comercial dominicano atraviesa uno de sus momentos más críticos. Mientras los informes oficiales intentan maquillar las estadísticas bajo la premisa de una alta rotación mercantil, la realidad en las calles y los centros urbanos cuenta una historia muy distinta: miles de micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes), comercios minoristas, colmados y centros de entretenimiento nocturno se encuentran al borde de la quiebra técnica o han tenido que bajar definitivamente sus persianas.
La pregunta que resuena entre comerciantes y emprendedores es ineludible: ¿Por qué están quebrando tantos negocios? La respuesta apunta a una tormenta perfecta compuesta por la presión fiscal, el colapso operativo provocado por los servicios públicos y una competencia cada vez más asfixiante.
- El peso insostenible de los costos fijos y las tarifas eléctricas
Uno de los factores determinantes detrás de esta ola de cierres es el incremento desproporcionado en los gastos operativos. Pagar una factura de electricidad impagable —agravada por los constantes apagones que obligan a operar plantas eléctricas a base de un costoso combustible— se ha convertido en una soga al cuello para los negocios. A esto se suman el alza en los insumos básicos, el alquiler de locales y una inflación acumulada que mermó drásticamente el poder adquisitivo de los consumidores. - Desplome de ventas y asfixia al comercio minorista
Diversos gremios del sector comercial han reportado caídas en sus ventas que alcanzan hasta un 40%, dejando a los establecimientos sin margen de maniobra para cubrir sus obligaciones financieras. Los colmados tradicionales y pequeños negocios de barrio pierden terreno aceleradamente frente a un mercado golpeado donde las familias priorizan estrictamente la supervivencia, reduciendo el consumo en entretenimiento, gastronomía y comercio local. Sectores enteros, como los centros nocturnos y restaurantes en zonas turísticas y urbanas, acumulan pérdidas millonarias ante la falta de circulante y la inseguridad ciudadana que ahuyenta al cliente nocturno.
- Competencia desigual y falta de amparo estatal
Los comerciantes denuncian también una competencia desleal generada por la proliferación de esquemas informales y grandes cadenas que operan con ventajas comparativas, mientras el pequeño empresario formalizado soporta el peso de rigurosas cargas tributarias y burocráticas. La falta de políticas públicas efectivas de rescate y la ausencia de una interlocución real con un gobierno enfocado en asuntos ajenos a la economía real dejan a los emprendedores desamparados.

